Una temporada en fuera de juego XI

– He de confesar que cuando descubrieron el cadáver yo ya me había ido del río.

– Pero te has enterado que existen dos cadáveres más, aparte del que han encontrado en el almacén detrás de los sacos de placaje, uno en la Pelosa debajo del bélier y otro en 4C en la alquería.

– Bueno sí me entere de ello por la tarde cuando fui a ver el partido del sénior naranja, y también Fran me conto allí lo de la Pelosa.

– Tengo a López ya Pérez investigando, estuvimos en Elche con otro caso relacionado, pero me interesa especialmente el caso del río, esa mañana había mucha gente para que nadie se diera cuenta de nada. Cuéntame que viste el sábado por la mañana.

– Pues cuando llegue iban a empezar  los S-8 había tres equipos, uno con Monty, otro con Fernando y otro más con Balta. Estuve viendo los partidos de los niños, charlando con algunos padres y cuando llegaron los míos ya empezamos los preparativos del partido. Conseguí reunir justo a nueve jugadores, solicite refuerzos a Fernando y me cedió a Axel, un rubio con orejitas de soplillo y cara de pillo.

– ¿Y es buen jugador?

– Un fenómeno vamos, y tuvo que pegarse con lo mejor del CAU. Como te digo el CAU presento lo mejor reforzado con lo mejor que tenía, así que el equipo con un solo cambio le toco enrocarse desde el inicio. Empezamos marcando, Ibu hizo una de sus locas cabalgadas. Pero pronto descubrieron que esa mañana tenían que hacer un gran esfuerzo si no querían acabar en el desguace.

Primero había que soportar “les coups de gueules” de los contrarios, grandes y fuertes algunos además con una admirable voluntad y determinación en el juego; varios de los nuestros demostraron gran temperamento para frenar los auténticos ataques a cielo abierto. Las cargas del CAU sonaban a pesadas y repetitivas cadencias impuestas por las percusiones, a lo que los nuestros intentaban responder con la fluidez ligera y ondulante de una melodía de Mozart. En eso es Vicent un buen ejemplo, pero su arte festivo chocaba demasiadas veces con toros, elefantes, incluso David se tropezó con algún monstruo. En las agarradas no vale la inspiración, ni la seducción, tampoco la reflexión, hay que tirar de la furia y esperar a que los otros resbalen. En la defensa a falta de organizarse mejor, dejando desajustes y desequilibrios demasiados claros, tuvieron que echar mano de la casta, todos y alguno como Manuel incluso se  superó.

Miguel, Diego y Marcos siguiendo la estela del capitán Ibu se dejaron la piel en el campo, y no hablo en sentido figurado, el terreno de juego pequeño del río es lamentable, una auténtica losa de lija. Y mientras nuestros livianos caballeros leones descorchaban botellas de champán y alguna que otra gaseosa, los rivales tomaban aguardiente y asaltaban las trincheras. Adriana, bella convidada de piedra, solo estaba pendiente del reloj; y aunque a Nacho en algún momento se le hizo larga la espera, demostró que posee una cualidad superior, ese gesto dinámico del impulso que permite despegarse del suelo y liberarse de la materia, y en varias ocasiones vimos a un duende alado alzar el vuelo a lo largo de la touche.

– Vale todo muy bonito, no lo dudo. Pero viste algo raro, diferente, alguien ajeno, extraño…

– No, había mucha gente, niños, padres, árbitros, monitores, no sé…también puedes preguntar a Miguel Ángel y Dani.

-Esos seguro que no se enteraron de nada. ¿Fran te contó algo de Moncada?

– Sí, en Moncada también eran nueve justos. Y ya sabes enfrente siempre jugadores de buenas hechuras. Ahora los nuestros son caballeros mosqueteros,  tienen dos buenos capitanes Alexis y Jorge López que allanan el camino, y luego un húsar en primera línea Carlitos. Pero jugaron todos muy bien y haciendo grandes placajes.

– ¿Te dijo si había visto algo irregular?

– Cuando se marchaban, después del tercer tiempo, apareció la policía nacional, pero en ese momento no sabían lo que había ocurrido.

– Buen bar el de la Pelosa. Y en 4C has hablado con alguien.

– Sí con Iñigo y con Rambo. Ellos si vieron movimiento de policías, pero como la alquería está tras la valla, no averiguaron lo que pasaba hasta que aquello estuvo despejado.

– ¿Y sus chavales que hicieron?

– Parece que entrenaron muy bien, un grupo muy comprometido, y no solo por el juego, si no de la pertenencia al grupo, de compromiso con el rugby, con su club, con sus amigos, aparte de que cada vez juegan mejor.

– Hombre López, Pérez ¿habéis ido al Instituto (IML-Instituto de Medicina Legal)?

– Sí jefe, pero los hechos se complican. Según el forense las muertes ocurrieron a la misma hora aproximadamente. El modus operandi viene siendo el mismo, los cuerpos no presentan signos aparentes de violencia, pero tiene el cerebro destrozado como por arma de fuego. Y además hay algo nuevo que han descubierto, todos presentan un rasgo distintivo en los ojos, estigma que se suele producir cuando alguien sufre gran terror o es sometido a torturas, según el forense como si hubiesen visto un fantasma.

– Dices un fantasma… Anselmo. Algo más José Luis.

– Sí la víctima de la Pelosa no está vinculada con el rugby a pesar de encontrarse bajo el bélier, aunque muestra los mismos signos que las otras víctimas. Es jugador de pilota y comunista, moncánico vamos.

– Bien tenemos entonces un asesino que se mueve sin dejar rastro como un fantasma, mata a sus víctimas de forma sobrenatural, infligiéndoles gran terror, y ahora además parece que no le gustan los comunistas. López, Pérez aunque parezca poco probable buscad todas las posibles pistas, sobre todo vinculadas con el partido comunista, Stalin, Trotsky, Segunda República, Guerra Civil, no sé por qué me da que por ahí descubriremos algo. Y yo voy a intentar llamar a mi colega…

El inspector se encierra en su despacho y saca del cajón del escritorio ese viejo teléfono de baquelita, y marca un número de cinco cifras.

-John Silence*, diga.

-Doctor Silence, soy Jem Mackie.

*(En “Crónicas Ovales: Un pase a quemarropa –otro caso del inspector Jem Mackie”.)

Continuará…

Albert