Una temporada en fuera de juego V

Al principio eran dos, Tom y Jim, juntos. Así estaban las cosas cuando llegaron al polideportivo Jorge M. Aspar de Alzira. El terreno de juego estaba precioso, un tapiz de bonito verde esmeralda y refrescante hierba cortada en su justa medida, ni mucho ni demasiado poco. Al cruzar la puerta de entrada y atravesar el camino que conduce al campo flanqueado por vallas móviles, surgieron por sorpresa unos ciclistas bien pertrechados que hábilmente esquivaron a Tom y Jim, que distraídos y algo asustados se echaron a un lado para acceder ya directamente al campo por la pista de atletismo. Habían llegado los primeros, sin duda la mamá de Jim conocía bien el camino, otros compañeros acudieron también con sus papás, pero otros muchos juntos en autobús. Pronto el terreno de juego se vio moteado geométricamente por puntos de color, y algunos chicos dejaban las gradas, donde habían depositado sus pertenencias, y acudían corriendo con sus educadores  a la llamada de la verde pradera. Otros como Tom, Jim, Isma, Teo u Óscar correteaban cerca del cañaveral que tras el vallado bordea el Júcar. Con Eric a la cabeza y Miguel Ángel de jefe se adelantaban los mosqueteros para enfrentarse al nuevo club de Paterna; y los octopus con Iñigo ya calentaban esperando a su rival el Tatami. Los ciclistas seguían rodando, los ciclistas seguían, los ciclistas.

Los mosqueteros son audaces, temerarios a imagen de su capitán Víctor Ribes alma de poca chicha, corazón de desmedido arrojo. En cuanto Carlos Baixauli se juega la apertura al gambito no hay vuelta atrás, y las pequeñas fieras desafían montañas imponentes; Jorge Beta y Diego Van Langhehove fruncen el ceño en cada una de sus embestidas; Sergio Juan y Marquitos van por tres calles encontrando siempre la salida. Eric ha descubierto un hueco ratonero y escapa, en apoyo meritorio le alcanza Óscar, que encuentra a Carlos Baixauli lanzado en abigarrado atropello, y remata la faena un Swan en espectacular evolución. Pasa de nuevo un ciclista en solitaria persecución.

Les toca el turno a los octopus, que con su potente trío en poco más de tres jugadas ventajistas han desarbolado a un conocido Tatami. En punta de flecha atacan raudos y veloces Raúl, Isma y Sergio Soler; a ganapierde se la juegan Jim, Bruno y Sergio Puerta, y con alguna martingala Víctor Serradell, Remolino y Alejandro Pérez distraen la pelota, incluso María ya no quiere ser mirona. En una nube de polvo pasa el pelotón ciclista.

Los partidos se suceden sin dilación a golpe de bocina, las cargas atropelladas se tercian en los campos efímeros, y ya se perfilan, con Juanjo de comandante, los corsarios chambones frente al Inter. El bello capitán Fernando Martínez –Ibarra arenga a los díscolos Liam, Javi y Noah lanzados desde el bauprés al vacío de la discordia. Si hay que defender en farpa los primeros son Mauro, Héctor y Luis; el juego subterráneo de lúcido color lo garantizan Tom, Víctor Escallé y Fernando Fernández, y de sus tretas orgánicas salen los balones que Ricardo y Teo, con distinta intensidad pero buen juicio, reparten con mesura antes de que Marc apretando los dientes se los lleve a la ardiente caldera del combate. Un ciclista, dos ciclistas, tres ciclistas.

Con Dani los leones dejan la sombra protectora del baobab y les rugen al CAU, estos tienen garras afiladas de dragón, la batalla se antoja duradera. Marcos Acedera cierra los ojos y se aferra sin compasión a un desdichado delantero;  Jorge López lo remata sin contemplaciones y le arrebata el balón; Ibu al relevo emprende uno de sus ataques imposibles, Nacho Martí y David Prior siguen su rastro sabedores que algún balón han de pescar en el camino. Vicent y Manu Mascarell se han atusado la melena y bien ubicados esperan saltar sobre la ocasión verde. El enfrentamiento es correoso pero Giorgio y Miguel saben que tendrán que luchar hasta el anochecer. Otro ciclista desaparece tras la curva.

Terciada ya la jornada le toca la vez a equipos del sur: Alicante, Akra, la Safor/Denia y Elche. Toda la jauría del RCV se emplea con alegría -allegro con fuoco- merced a estos nuevos compinches. Las cargas resuenan llenas de vida, los corazones se aceleran de contento y la sangre se agolpa en las cabezas, ¡menudas cabezas! Si quieren saber más Cuca lo ha apuntado todo.

Mientras los S-8 de Fernando, Balta y Aida a falta de mendigar partidos, hacen puntería con el balón sobre los ciclistas. Antes de volver a casa un poco de tercer tiempo, aunque algunos valerosos se quedan a apoyar a sus compadres del S-12, ¡y de qué manera! Hoy a todos los jugadores les animó la impaciencia del corazón.

Continuará (…)

Por Albert