Pulgarcito y el malvado ogro V – Crónica de los S10

Sábado 17 de noviembre

Por fin Juanito una jornada en la que no ha llovido, bueno ayer no pudimos entrenar, incluso podría haber sido una arriesgada aventura acudir al polideportivo.
A primera hora el equipo blanco se batía con su homólogo de la UCV, equipo que debería haber capitaneado Liam, esta mañana torcido por un casco mal encasquetado. En los ojos de Juanito sin embargo brillaba la llama de la determinación, de aquel que ha venido a demostrar porqué le gusta jugar al rugby. Concentrado ya en el calentamiento, sigue el primero los pasos de su entrenador y hace presa del balón con fuerza.
Después de algún tímido y algo fallido intento de Pablo Masmano de participar en el juego abierto, de las extravagantes jugadas de Axel, que parece que juegue a la gallinita ciega; te llegó el turno Juanito. En uno de esos mauls, a ojos de propios y extraños montoneras desajustadas, quedaron fuera del jaleo Marc García, Juanito y Arnau, al que la curiosidad no le había picado tanto como para acercarse a ver qué pasaba allí. En eso que el balón consigue emerger del barullo, Marc con buen criterio le da un largo pase a Juanito, que previamente le había puesto sobre aviso de su situación; a la carrera el equipo contrario intenta recolocarse para tapar la banda solitaria. Juanito al ampararse del balón amaga el pase al exterior y encara hacia el ensayo. Por el camino se deshace hábilmente de dos contrarios con buenos cambios de pie, aún sin perder el eje de carrera. Pero de repente sale a su paso el jugador dominante de la UCV, que parece dispuesto a aguarle el ensayo. Juanito mira a izquierda y derecha pero no encuentra apoyo alguno, y decide chutar, una patada corta que apenas salva al defensor. Al vuelo Juanito atrapa el balón, pero el hábil jugador de la UCV recupera la posición, entonces ve a su exterior que viene a la carrera sobre el balón Arnau; Juanito se gira y espera el apoyo, le ofrece un pase de protección con la espalda vuelta al contrario, ya Arnau corre su oposición hacia la línea de ensayo. En la banda todos aplaudimos la jugada meritoria.
Luego le tocaba el turno a naranjas y verdes, contra la UCV verde y el Tatami. Tras la gesta del equipo blanco, los hechos heroicos prosiguen en el piso verde de plástico fino.
Alejandro Aragón, noble caballerete, acude al rescate de la capturada pelota, derriba sin contemplaciones a su secuestrador, con un placaje perfecto, pleno de arrojo, y en la inercia del impulso Mario acude el primero y se hace con la pelota. Teo le traspasa con su mirada de cabeza de chorlito, y Mario descarga la pelota. Teo parece que toma el camino del tan querido interior, aunque de súbito cambia de dirección dejando a los defensores con dos palmos de narices y una cuarta de mocos, parece que ha sembrado el pánico entre la defensa. Pero siente en el cogote el aliento tórrido de un alma en pena, y piensa que debe asistir a Sergio Moreno, el hijo del citrino, una pequeña bestia ávida de sangre. Sergio emprende una huida desesperada, y aunque no es amigo de devolver favores, cuando le enganchan de la camiseta y le cuesta horrores progresar, le devuelve el balón a Teo, que colocado a su derecha finaliza la jugada, con su peculiar estilo desenfadado.
Justo al otro costado de los palos el equipo verde se las tenía con el Tatami. En este partido aunque Alvar fue perejil de todas las jugadas, Roberto Monacu, Guillermo y Mateo Rosso descubrieron, no sin el apoyo incondicional de sus entrenadores que desde la banda les animaron sin tregua, que podían llegar al final de una carrera que al principio era como entrar en un túnel sin luces al cabo. Y luego brillaron con luz propia, tanto en el esplendor del ataque como en la noche de los duelos en defensa, Pablo Vique y Víctor Manzano, dos infantes tan valientes como su timidez les permite.
Observando desde la banda con ojitos de clueca las peripecias de un Víctor Serradell febril por la calentura del placaje, Carmen elegantísima tomaba notas de lo sucedido, o al menos eso nos hacía creer, seguramente para escurrir el bulto del tercer tiempo.