Las fabulosas crónicas de la historia del rugby – LAS AUSTRALIAN RULES

LAS AUSTRALIAN RULES.

En los años 1860, en Melbourne se desprende un código particular inspirado sobre todo en el hurling gaélico, que inmigrantes irlandeses llegados con la fiebre del oro trajeron al Victoria.
Un antiguo alumno de la Rugby School, Tom Wills, da un golpe fatal al juego de su antigua escuela, codificando lo que más tarde conoceremos como Australian Rules.
El nuevo fútbol rechaza la violencia. En 1866, los delegados de clubes de Melbourne
ponen por escrito las reglas del nuevo deporte. El jugador puede apoderarse de la pelota con las manos, pero no puede llevarla más que lo necesario para chutar. Los jugadores no están autorizados a correr con la pelota, salvo si la hacen botar cada cinco o seis pasos, lo que exige, con un balón oval, una notable destreza en el gesto. De seguida se producen algunas modificaciones que alejan aún más el fútbol australiano del gaélico. El balón que sale fuera del campo es puesto en juego por el juez de touche, encargado de lanzar, vuelto de espaldas, la pelota por encima de su hombro .El terreno de juego se vuelve oval y los palos consisten en 4 pértigas, dos más grandes que las laterales. Los puntos marcados difieren según por donde pase el balón.
El juego, nacido en el Victoria, prospera rápidamente, gana la Australia meridional y la occidental, Tasmania también, donde el clima y las praderas serían muy convenientes al rugby.
Tom Wills no vio desarrollarse su deporte, disminuido por el alcohol, se suicido en 1880. La difusión de las Australian Rules bloqueó pues la del rugby. El código australiano levanta admiración por su vivacidad de movimientos y las cualidades deportivas y técnicas de sus jugadores. Estos magníficos atletas deben saber coger la pelota de volea en extensión y chutar precisas patadas en plena carrera. Deben poseer un fondo y una condición física muy superior a la del futbolista y el rugbyman, y dominar el difícil arte de la colocación exacta en un terreno de juego donde se arremolinan sin cesar compañeros y adversarios.
El rugby australiano perdió así numerosos y formidables jugadores. Con la iniciativa de Tom Wills, los amantes del rugby no hablaran con veneración de los australianos si no muchos muchos años después.