las fabulosas crónicas de la historia del rugby – EL PRINCIPE NEGRO.

EL PRINCIPE NEGRO.

Nos cuenta el cronista Froissart que el 26 de agosto de 1346 en plena Guerra de los Cien Años, cerca del pueblo de Crécy-en-Ponthieu (Francia) el Príncipe Negro, primogénito del rey Eduardo III de Inglaterra, luchaba valerosamente junto a sus tropas contra adversarios superiores en número: franceses, bohemios, mallorquines, navarros e italianos.
El Conde Warwick, que acompaña al joven príncipe junto al conde de Oxford y el heraldo John Chandos, pidió ayuda al rey enviándole un caballero emisario. Pero el rey, habiéndose asegurado que su hijo no estaba ni muerto ni desarzonado ni herido al punto de no poder batirse, respondió que no haría nada que cambiase el curso del destino, y que era necesario que el joven príncipe probase su valor ese mismo día. «Estoy resuelto, si Dios lo quiere, dijo, a que la gloria y el honor de ese día sean para él y aquellos que le siguen, que el príncipe se gane sus espuelas de caballero». Los arqueros ingleses masacraron a la caballería francesa, y el príncipe negro acabó la tarea comandando el ala izquierda de la caballería inglesa.
Al día siguiente, recorriendo el sombrío campo de batalla a la búsqueda de heridos, e identificando los muertos por su blasón, el rey Eduardo encontró rodeado de ruines grajos el cuerpo del rey Juan de Bohemia, anciano y ciego con el rostro manchado de sangre seca, que había caído la víspera.
Recogiendo las tres plumas de avestruz que ornaban su yelmo y la divisa del monarca, se las entregó a su hijo, y desde esa fecha, cada príncipe de Gales ha tomado como divisa «Ich dien» (yo sirvo, en alemán), y adoptando las plumas de Bohemia. Las mismas plumas y divisa que hoy lucen en sus rojas camisetas los jugadores de rugby de la selección del País de Gales.