Las fabulosas cróncas de la historia del rugby.

El negro que parecía blanco.

Al final de la Primera Guerra Mundial, los soldados Kiwis en Europa aportaron sus mejores jugadores de piel blanca para componer el “New Zealand Services Team” que ganó la copa ofrecida por el rey Jorge V, para recompensar al vencedor de un gran torneo internacional. Bajo el impulso de esta victoria, el equipo militar de Nueva Zelanda efectuó, con gran éxito, una gira por África del sur. A un miembro de la formación, sin embargo, se le rogó que no efectuara el viaje: Ranji Wilson, hijo de un Yorkshireman y de una Antillana; tenía la piel demasiado oscura para las muchedumbres blancas de la Unión. Y cerraron los oídos a las protestas de las autoridades de Nueva Zelanda.
Otro caso de discriminación por el color de la piel fue el de George Nepia, magnífico zaguero maorí, una de las primeras estrellas de los All Blacks. Cuando partió de gira en 1924-25 a las Islas Británicas, Francia y Canadá, con los All Blacks, no había cumplido todavía los 20 años. Pero no carece de experiencia a pesar de su juventud. Su primer partido en la provincia de Hawke’s Bay se remonta a 1922. Sus cualidades naturales las ha desarrollado en el “Maori Agricultural College” dirigido por Mormones cerca de Hastings. Los profesores, poco versados en el rugby, enseñaron al estudiante adolescente dos cosas esenciales: el arte de placar y el juego al pie. La robustez natural de Nepia y su notable colocación en el terreno de juego hicieron el resto, y fue elegido el único zaguero de la expedición. La apuesta fue mantenida más allá de toda esperanza.
Treinta y dos partidos fueron previstos, 28 en las Islas Británicas, 2 en Francia, y 2 en Canadá. Los disputó todos, y con sus compañeros, salió victorioso del terreno de juego treinta y dos veces.
Pero no todo fueron éxitos para este famoso jugador. En 1928 para la gira en África del Sur, es excluido del equipo, junto a otro jugador maorí J.J. Mill, por razón de su piel oscura.
Y en 1934, a consecuencia de la Gran Depresión de 1929, George Nepia abandona la N.Z.R.F.U. Ha meditado mucho sobre las condiciones de su partida: no vive en la abundancia, la crisis ha menguado sus ingresos, y lleva una vida gris en su pequeña granja de Rangitukia. Tanteado por la Rugby League de Inglaterra, replicó bromeando que se pasaría al XIII a cambio de 500 libras. Los dirigentes profesionales aceptaron esta exigencia, y Nepia, después de dos días de reflexión, dividido entre la esperanza y la duda, aceptó irse a Gran Bretaña a practicar el código del XIII, con gran dolor de corazón.
Estos son algunos casos entre otros muchos de discriminación racial por el color de la piel en el rugby sudafricano, tan proclive a las mentiras propagandísticas, como la que aparece incluso en publicaciones serias como Janus, el periódico de la Sociedad Histórica de la Universidad del Cabo. En un artículo de noviembre de 1974 D.M. Scher escribe:” Es interesante comprobar que desde 1919 rugby internacional mixto se jugó en África del Sur con el equipo militar de Nueva Zelanda, que contaba entre sus filas con un indio y cinco maoríes. Según los informes, el equipo fue cordialmente recibido, y no encontró reprobación alguna”.
Es cierto nadie en África del Sur manifestó oposición a la gira. Por una sencilla razón: los Maoríes solo existen en la imaginación del autor, y el indio debe ser A.P. Singe, del que se dice, sin proporcionar pruebas, que corrían por sus venas algunas gotas de sangre precolombina de América del Norte. Desde luego nada que ver con Caballo Loco o Toro Sentado.
Sin embargo aparece una sorprendente y sospechosa información recogida por Archer y Bouillon: En los años 1920 sobresale en un equipo del Transvaal, un jugador de excepcionales cualidades atléticas, es el notable rugbyman negro Baboolal Maharaj, que llegó a jugar en competiciones de club, pero solo porque hablaba afrikaans y… era de tez muy pálida, pudiendo pasar por blanco.
Aunque la opinión blanca del Transvaal aparece más liberal, en materia racial, que la de la Provincia del Cabo, es posible que Baboolal Maharaj corriera la misma suerte que Lee Anderson, ese negro que parecía blanco protagonista de la novela de Boris Vian: “J’irai cracher sur vos tombes”.