El espíritu feroz de los S8

Puede parecer una perogrullada hablar de día de sol en Valencia, pero la verdad es que entre un viernes y un domingo plomizos, nos tocó un sábado radiante para unirnos al maul de nuestros jugadores de todas las categorías.
Después de un debut de temporada brillante y llena de juego y competición compartiendo arranque de temporada con San Roque y CAU, este sábado continuábamos con otra leyenda del rugby valenciano, les Abelles. Gran concepto de trabajo de nuestro club el de conjugar desde S8 entrenamientos donde se busca aprender la técnica y coger físico con la competición aunque sea amistosa. Aunque la verdad es que yo, después muchos años jugando y compitiendo todavía no he captado la sutil diferencia entre un partido oficial y otro amistoso. ¿Se juega más suave? ¿Se corre menos? ¿No se le da importancia al resultado ? Francamente no he conocido ni un solo jugador de rugby o de fútbol que salga a jugar cualquier partido y lo haga a medio gas. No es que no quieran, es que no saben jugar un partido sin darlo todo.
Y así vemos a nuestros jugadores, creciendo semana a semana en su pasión, corriendo y placando como panteras, como si no hubiera mañana. Y da igual si es contra otro club o entre compañeros. El chip está en modo “on”.
Y es que esa es la magia y el aporte de la competición entre clubes. Desde pequeños aprenden a enfrentarse a caras diferentes, a desconocidos a los que no tienen cogida la medida como puede que ocurra con los compañeros. Cuando además estás fuera de casa, juegas en un entorno que no es el tuyo, no tienes tus referencias ni la seguridad protectora de tu colegio o de tu club. La competición es exigente, muy exigente tanto física como psicológicamente. En la competición nunca sales a perder, sales siempre a ganar, a ganar siempre. Según sea el deporte, salís XV u 11 atletas y enfrente hay el mismo número. Y nadie sale a perder ni contra Nueva Zelanda, ni contra el Real Madrid o el Barça según los casos. Y de repente un día de 1995 los Springboks, contra todo pronóstico, le ganan nada menos que la Final del Campeonato del Mundo a los todopoderosos All Black liderados por un dios del rugby, un tal Lomu. Y otro día unos sorianos recién ascendidos ganan en el Nou Camp a una leyenda haciendo bueno su nombre de Numancia y unos cuasi aficionados del extrarradio de Madrid le pegan un Alcorconazo al más laureado.
La competición es mucho más que jugar y divertirse, que también lo es. Pero es además disciplinarse el cuerpo y la mente. Es sacrificarse y entrenar durante la semana. Es cuidarse la dieta para poder dar lo máximo de ti mismo, ni sobrado ni falto de peso, equilibrado para el deporte que practicas. Te obliga con la edad a respetar ciclos de entrenamiento de competición y de descanso. Respetas las horas de sueño y descansas el día anterior a un partido. Y cuando ganas, todo es un subidón y una alegría inmensa que compartes a base de abrazos y gritos más o menos guturales y primigenios con tus compañeros. Y cuando pierdes te pones negro y después del pasillo y todo lo que queramos, llegas al vestuario enrabietado y le echas la culpa al árbitro que no se enteraba de nada y al que ha perdido el balón y la ha liado por chupar en vez de pasarlo. Y es culpa del que no ha venido, que “es que así si no hay compromiso es que no se puede…” y del calor, que por alguna razón siempre afecta más a tu equipo que al otro aunque el sol salga para todos… Y luego te enfrías y te calmas y ves que los errores son tuyos porque tuyo es tu equipo y si alguno no ha venido o si el otro tiene un mal partido, sea como sea entre todos hay que empujar para compensar esa ausencia o esa merma de fuerza o de inspiración del que sea. No hay excusas, si no se hace así perdemos todos y por eso nos han ganado. El domingo te duele abrir los párpados y te dices que éste ha sido el último, que no puede ser cada domingo igual y descansas. Y el lunes todavía con secuelas te obligas a ir a entrenar y pasa el martes y el miércoles y llega el jueves y ya estás que no ves el momento de volver a jugar el sábado y vuelta la burra al trigo.
Y es una filosofía de vida que refleja cómo afrontar el resto de nuestra actividad diaria. Salir todos los días a ganar, asimilar las derrotas, que son muchas, sin acostumbrarse a perder. Levantarse aun contusionado porque algo en la vida te ha vapuleado, dejar pasar ese “domingo de dolor”, obligarte a retomar, saber que imposible no es nada ni para los sorianos ni para los surafricanos ni por supuesto para ti.
Y nuestros jugadores están aprendiendo esto casi sin darse cuenta desde los 6 años.
Les Abeilles nos han honrado esta semana con su presencia a nuestra llamada, pero por alguna razón eran menos de los que nosotros necesitábamos para jugar todos. A lo mejor es que nuestro club lo está haciendo tan bien que tiene más capacidad de convocatoria que otros clubes, no lo sabemos y lo tenemos que analizar entre todos. Les Abelles tenían un equipo y nosotros 3. De manera que dos equipos jugaron una parte cada uno y el tercero jugó con sus compañeros que en ese momento no jugaban contra Abelles. No había 40 soluciones y algunos padres de los que no jugaron no estuvieron totalmente contentos (tampoco estaban totalmente descontentos) y es normal porque a todos nos gusta jugar y ver jugar y si estuvieran totalmente contentos de no ver jugar a sus chicos, probablemente es que no les guste el rugby. Si estuvieran totalmente descontentos probablemente no lo habrían entendido. Y es bueno que se digan las cosas para ver cómo ir gestionando esta situación de éxito de convocatoria que tenemos para crecer más aun. A lo mejor si vemos que vamos a ser muchos, aprovechemos que todavía no estamos encorsetados por las normas federativas a esta edad y convoquemos a dos equipos, como el primer día. Quizá haya otra solución, no lo sé, pensemos entre todos y empujemos entre todos este maul.