Crónica viaje y partido M8 Perpignan

Crónica viaje y partido M8 Perpignan. Escrito por anónimo y por encargo.
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Fotos
https://picasaweb.google.com/113896639535180518152/ViajeAPerpinanParte1
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Como bien diría Albert, nuestro ilustre e insuperable cronista de punta fina e imaginativa inigualable.
Desde la máquina de pergeñar crónicas….

Ufff!!. Un suspiro del conductor, desvelaba que tras muchos y difíciles intentos, por fin, habíamos conseguido salir y liberar al bus de aquella calle angosta y sin salida. Ya una pequeña carrera maleta en mano traqueteo incluido, nos acercaba a nuestro destino. Tras varios intentos un pitido desvelaba que finalmente el código de acceso al albergue era el correcto. La fría espera daba paso a una cálida estancia que recordaba a épocas y viajes más juveniles, con sus literas, baños y zonas comunes comunitarias.
Reparto de estancias, distribución de roncadores por niveles, elección de camas, el pijama y a dormir. Es casi la una de la madrugada.

Atrás quedaba un día repleto de emociones. Largo e intenso. El nerviosismo inicial de la salida, el acomodo de los chicos a lo machote al final del bus. El reparto de ensaimadas, empanadillas y demás viandas por parte del mister y, el primer:
-cuanto falta papa? Mucho hijo, acabamos de salir.
Libros, películas, risas, revoltosos y constantes cambios de asientos hacían que el viaje transcurriese con total normalidad.
En fin, sin prisa, y con pocas pausas nos encontramos en la puerta del estadio de Rugby de Perpignan.
Primera sorpresa del día. Permitirme que antes os diga que aquí se toman en serio esto del rugby. Creerme, muy en serio. Nos estaban esperando a la llegada unos representantes del club y de las peñas con toda una agenda preparada para los niños de la cual nos beneficiamos también los padres. Recepción de la relaciones publicas y visita al campo de rugby, enorme con capacidad para 15.000 espectadores, a la sala de musculación, al despacho del presidente, a los restaurantes, a la sala vip, la mágica visita al vestuario que estaba todo preparado para el partido que se celebraba en momentos –para mí lo mejor- y el gran momento estelar de la entrada al campo de juego donde ya, como una onda expansiva, salieron todos los niños corriendo dispersándose a lo ancho y largo del campo. Realmente emocionante para los niños.

De ahí, y siguiendo con la agenda, nos llevaron a ver peñas, donde pudimos ver el partido de Francia contra Inglaterra –mal fin de semana para los franceses- y fuimos agasajados con cervezas, tapas y pasteles para los niños.
Volvimos al campo, donde nos prepararon una cena, -eso sí, horario francés, al que como buenos españoles rendimos merecido homenaje- en la mejor mesa del restaurante del estadio, la cual disponía de un gran ventanal, que aislado del exterior con cristal permitía la visión al campo mientras cenábamos y los jugadores calentaban. Aquí nuevamente nuestros pequeñajos volvieron a flipar.
Al terminar de cenar, salimos a las gradas y buscamos nuestro acomodo. Enfundados con nuestros mejores abrigos, guantes, gorros y cualquier cosa que pudiese abrigar –algunos hasta se pusieron el pijama debajo de los vaqueros. Si ya se, cutre, pero efectivo a tope- dispusimos a ver el encuentro del Usap, -equipo local- contra el Paris. Equipos ambos del top 14. Ni que decir cabe, que después del trato dispensado durante el día todos éramos del USAP a muerte!.
El partido fue vibrante, los jugadores eran unas autenticas bestias, los niños disfrutaban y gritaban en cada jugada y saltaban en los ensayos. Al final, como tenía que ser, ganaron los nuestros: El USAP, que le endosó un 32 a 16 a los parisinos.

Despertamos temprano, desayunamos fuerte y nuestros M8 y trabajando en equipo, quitaron la mesa, fregaron los platos y recogieron las camas –esto no era necesario decirlo, pero sé que a muchas mamas les hará ilusión saberlo- e imaginar después del día anterior vivido por nuestros chicos como estaban. Enchufados y con unas ganas de jugar alucinantes.
Cierta preocupación nos invadía, hacia un frio increíble, dudábamos si se celebraría el partido. Aquí de nuevo, los franceses y el deporte del rugby, volvieron a dar una lección de saber estar y de educación. Todas las categorías infantiles habían suspendido sus respectivos partidos, pero al llegar al campo estaban los M9 –allí son de un año más- y sus familias esperando.
En el local social explicó el presidente del club que de forma excepcional y debido a que nos habíamos desplazado de tan lejos, no podían dejar de presentarse y hacerles un feo a nuestros chicos. Además como eran más y más mayores, nos dejaron a un jugador -el mejor-
Un detallazo.
Calentamos, charla táctica del mister y como diría nuestro cronista, ahí estaban nuestros valientes combatientes, preparados para disputar su primer partido internacional.
Ahora ya no íbamos con el USAP, ya éramos de nuevo del TECNIDEX VALENCIA.
0 grados. Un silbido y a tope, ellos eran más grandes y mayores, pero nuestros chicos se sentían importantes, entraban sin miedo, pasaban rápido, distribuían y se animaban unos a otros, pendientes de cualquier recuperación.
Al descanso un empate situaba en el marcador un 10 a 10. Todos al local a entrar en calor y de nuevo al campo. La segunda parte, mucho más defensiva y con una dura pelea por la bola. Trascurrieron los minutos y ya cuando el árbitro anunció la última jugada y todo parecía que iba a acabar en empate, apareció la magia de nuevo. La bola en posesión del USAP, campo del Valencia, una pérdida de balón es aprovechada por Mario y en una carrera espectacular, dejando boquiabiertos a los jugadores franceses que no podían creer que esas piernas tan pequeñas pudiesen correr tanto, hizo un ensayo para el Valencia dejando el Marcador en un definitivo 15 – 10.
Después compartimos un tercer tiempo padres e hijos, muy agradable en el cual los hicimos honores a la gastronomía local ofrecida y los niños por igual a la magnífica repostería francesa.
Un fin de semana, deportivo, educativo y de lo más divertido.

Gracias a los organizadores.