Crónica viaje a Vinay.9-12/06-016.

¡Pousse, pousse, nom de Dieu! (Rumbo a Vinay).

Aunque es posible que ninguno de ustedes tenga la autorización adecuada para leer esta historia, voy a contarles todo lo que sucedió en el viaje.
Buenos días desde la máquina de pergeñar crónicas. En el cielo azabache brilla hermosa la luna de Valencia, hay en el aire dulces risas infantiles, tiernos abrazos de despedida, cálidos besos de buenas noches. Y ya estamos todos ubicados en los autobuses, todos sonríen ante la aventura que les espera, están alegres, sueñan sin preocuparse por lo que pueda pasar. De repente el autobús en avanzadilla frena. ¿Qué ocurre? Nos preguntamos. ¡La ***** furgoneta no arranca! Gritan desde el parking. Ya decía yo que ese cacharro tenía mala pinta. Os he de advertir que el autobús grande es una verdadera lata de sardinas, y el chico pues eso una furgo con los cristales tintados.
Partimos ya con retraso, no hay pena, por delante muchos kilómetros para adelantar, y así fue. Como siempre al poco de salir primer intento de motín en el bus, la plebe menuda se rebela, Diego desde su atalaya de vigía pone orden: ¡el primero que se mueva me lo cargo!, amenaza con su cuchillo jamonero. ¡Venga todos a dormir! Eso el que pueda, o pille sitio en el pasillo, porque yo me he quedado hecho un cuatro en el asiento junto a Nacho, y simulo a veces que dormito, otras me hago el muerto.
Por fin ya es de día, y hemos conseguido pasar la frontera sin que los gabachos nos volcaran los buses, todo un logro. Breve parada para desayunar, Kung-fu Panda y unos cuantos cientos de kilómetros más en el sillón de tortura hasta Vinay, que efectivamente, como dijo JD, está en el trou du cul (acepción francesa de fácil entendimiento), aunque se llega a las mismas puertas del pueblo por autopista.
Estupenda acogida de los miembros de la US Vinay, en las instalaciones del estadio Vieux Melchior, con apero de lujo vermut incluido, gracias a la súper logística de los papis. Comida y partimos a Voiron, donde se ubican les caves de la Chartreuse. Nacida de la búsqueda, tradición secular y 130 plantas del mundo entero, la Chartreuse es desde hace cuatro siglos, el licor más misterioso del mundo. Su secreto de fabricación no ha cambiado desde 1605, y hoy en día todavía los cartujos son los únicos artesanos. Aunque sé de buena tinta que lo que nos ha contado la azafata de traje chaqueta color verde chartreuse es una patraña, y que los padres blancos allá en la Gran Cartuja, donde impera el silencio, empinan el codo y entonan canciones obscenas. Después de la degustación de Chartreuse verde, amarillo y demás brebajes regresamos a Vinay con los sentidos trastornados por los efluvios del elixir de la larga vida de La Grande Chartreuse, que según parece posee poderosos efectos sicotrópicos.
Nos instalamos en le boulodrome municipal, sito en una antigua fábrica textil, con nuestros nuevos camastros de campaña. Ducha comunitaria y alegre, donde nadie se atreve a recoger el jabón del suelo por si le ponen mirando a Cuenca. Un poco de inocente esparcimiento y nos vamos en comandita a cenar. Por el camino se pueden apreciar algunas casas rurales que conservan sus impresionantes secaderos de nueces, pues estamos en el país de las nueces de Grenoble.
Antes de sentarnos a la mesa del restaurant d’Atalante, mientras los niños dan buena cuenta de sus platos, acabamos con las existencias del bar: pastis, bières, vins des côtes du Rhônes e incluso un intento de barra libre. Luego pasamos a la mesa y disfrutamos de un menú a base de productos regionales, asados en la parilla a la vista del cliente; todo regado con vino des côtes du Ventoux, y rematado con un postre gourmand. Brindis varios y hay que recoger a la canalla, mañana hay que jugar, el viaje ha sido largo. Solo unos pocos valientes hacemos honor a los brindis con Génépi (famoso licor local).
Ya de vuelta a la bolera, en el porche se ha organizado un pijama bacanal con asalto a la nevera de campaña. Pero poco a poco los alegres fiesteros sucumben al sueño y se retiran, solo quedamos los amantes del Génépi y las chanzas nocturnas. Y cuando menos te lo esperas los primeros rayos de sol apuntan sobre la cumbre del macizo del Vercors. Nos retiramos a toda prisa como los vampiros, mientras JD persigue el todoterreno de su colega Antoine Christophe de la Noix, un auténtico blagueur.
Y llega el día del torneo, le tournoi de la Noix. Los papis organizan nuestro punto de encuentro con la carpa y los avituallamientos, y los chicos con sus entrenadores calientan en los verdes prados. Este torneo de la nuez reservado a las escuelas de rugby, clausura la temporada de la Union Sportive Vinoise, con la asistencia de 18 clubes, y casi mil chicos, en las categorías de S-6, S-8, S-10 y S-12. Los partidos tienen lugar en los estadios de Gerifondière y Vieux Melchior (donde nos encontramos nosotros). Perfecta organización del club con la colaboración de numerosos voluntarios de camisa rosa.
Nos otorgan nuestros grupos y el campo de juego, empiezan los partidos. El segundo equipo de los S-8 abre fuego contra Succieu y logra un buen resultado, estos niños bellos como dioses juegan con alegría, con más corazón que táctica, tomar el balón y correr es lo que mejor hacen, desde la banda Patri y María se afanan dando instrucciones, los papis animando sin descanso, pero a lo largo de la mañana la competición se atraganta un poco ante rivales más potentes. Le toca el turno al primer equipo de S-8, el equipo de Alexis, Sergio Soler y compañía que a pesar de empezar con mal pie frente a Vinay, se rehace del primer contratiempo en cuanto consigue dominar las tretas del rugby- villages con sus bouchons, cartons, cravates, mailloches, matroques y coup de saton en pleine gueule, y logran estos chicos guapos como demonios colocarse terceros en su grupo. En la banda JD alienta la tropa: ¡Pousse, pousse, pousse, allez poussez les petits!
En el otro campo los S-10 ya están listos para empezar el torneo. Primer partido superado, pero está visto que hay que atarse los machos y bregar partido a partido. Los anfitriones de Vinay nos ponen las cosas claras con su juego rápido y vivaz, no en vano se hacen llamar les guêpes, a imagen y semejanza de los Wasps de Londres. Con los ensayos de Asier, Lucas, Nacho, Rodrigo e Iván Bou, espléndido en defensa, y el trabajo solidario de todo el equipo que supo sufrir en defensa y atacar con criterio, se logra el segundo puesto del grupo. El apoyo incondicional de los papis y entrenadores hicieron el resto para cerrar una brillante primera fase.
Después de esta mañana agotadora, bajo un sol de justicia, toca reponer fuerzas todos a la sombra. Pero no sospechan nuestros jóvenes guerreros que por la tarde les esperan otros tantos partidos contra rivales duros de pelar. Los S-8 están reventados aunque sonrían despreocupados, los S-10 también están cansados, hay que motivarles bien para superar los enfrentamientos en el grupo de los mejores. Y mientras cada uno toma su refrigerio, tras la barra Diego da buena cuenta de un pata negra ante las bocas babeantes de los franceses.
Por la tarde se retoman las hostilidades, y por más que los S-8 se les insta a péter droit, a foncer direct, a aller à la corne, los pobres solo hacen que brouter l’herbe bajo los golpes, que en francés tienen nombre de frutos: pêches, prunes, châtaignes y otra vez coup de saton. Aunque María y Patri les animan con fervor, se ven superados por el agotamiento y la castagne.
Por su parte los S-10 también son víctimas del cansancio, y sobre todo del juego rápido y ágil de los adversarios. A pesar de todo en los cinco partidos no dejaron de luchar y vendieron cara su derrota, demostrando que tienen arrestos y juego para enfrentarse a cualquiera. Y se fueron con una lección de buen rugby basado en las tres premisas básicas del juego: una carrera bien orientada, un pase rápido y riguroso, y determinación en el placaje; unido a un juego comprometido con el equipo. Sextos de 18 equipos no está nada mal.
Ahora a por los trofeos y medallas, que generosamente reparte la organización, como colofón nos otorgan el trofeo al fair-play que recoge JD, junto a los entrenadores, el hijo pródigo que regresaba a su casa. Fotos de despedida, confraternización, aseo personal, recogida de equipajes y cena a base de bufet frío ofrecido por l’U.S. Vinay (un carajillo de Chartreuse, el último golpe de Génépi), nos despedimos cariñosamente de nuestros anfitriones y al autobús. De nuevo cada uno se acopla como puede en su cubículo, hay un intento de animar el pasaje con canciones, pero desde el fondo protestan, quieren dormir. Prosigue el viaje plácidamente, y hacemos un alto en el camino para estirar las piernas y visitar el cuarto de baño, aunque la mayoría meamos junto a los poids-lourd. Retomamos el camino, y a los pocos minutos Diego el vigía da la voz de alerta: ¡Falta el papá de Octavio! Hay que volver, los chóferes discuten entre sí: ya te decía yo que era mala idea conducir sin carnet, con un bus robado y además hueles a Génépi. Nos salimos de la autopista y a los pocos metros entramos en bucle o en Matrix, ya no sabemos por donde vamos, donde estamos, si hemos pasado antes por aquí, salimos y entramos de la autopista varias veces, atravesamos rotondas, puentes, y al final rescatamos al astronauta perdido en el espacio exterior, menos mal. Tras esta experiencia extraordinaria, y aunque Dieguito casi planta un pino en el bus, alcanzamos España con el alba, y por fin arribamos sin novedad a Valencia, agotados pero contentos.
Muchas gracias a l’U.S. Vinay, a todos los que habéis participado en el viaje, y sobre todo a José Luis Drevet (JD) por habernos dado esta oportunidad. De corazón os quiero.
¡Entrena con ganas, y sé fiel a tus amigos!
Campeones du Tournoi de la Noix: Alexis, Víctor, Jorge, Sergio Juan, Manuel, Vicent, Eduardo, Marcos, Diego, Alejandro, Octavio, Héctor Cilleruelo, Santi, Gael, Noah, Sergio Soler, Héctor G., Rodrigo, Iván Juan, Nacho, Iván Bou, Pablo, Óscar, Lucas, Asier, Rafeta, Mateo