Crónica equipo blanco 14-03-015.

Héroes.

Buenos días desde la máquina de pergeñar crónicas. Bajo un cielo plomizo, bajo la lluvia mortecina se preparan para el combate los más valientes entre mil. El paisaje es desolador, por doquier restos de la batalla mezclados entre el barro y la sangre, soldados inertes como durmientes del valle, miembros mutilados en amasijos de alambre de espino, flores de granadas y obuses reventados, carros blindados volcados en el lecho seco del río…
A la órdenes del capitán Flecha los últimos supervivientes calientan antes del postrer asalto. La angustia se refleja en sus rostros imberbes, ante la presencia de un enemigo superior en número y fuerzas, ante la proximidad de la muerte.
El joven teniente Marco se adelanta a su tropa y otea el campo enemigo. Reúne al equipo:
-¡Moriremos con las botas puestas. Vamos a por ellos!
Al grupo se une un soldado desconocido, quizá desertor de las filas enemigas. Ya silban las balas, atrona la artillería, empieza la batalla.
A falta de envergadura estos soldados poseen gran corazón. En la primera embestida enemiga nuestros jóvenes guerreros se ven obligados a retroceder, los carros de combate avanzan sin resistencia. La caballería ligera del capitán Flecha lo intenta con redoblado esfuerzo, pero en el último instante siempre fracasa el asalto en el frente enemigo. El sargento Juancho arenga a la tropa, su valor no se cuestiona, al igual que el del cabo Carlos, un soldado a prueba de bombas. Señala el camino a seguir, sembrado de obstáculos, el teniente Marco, y todos le siguen sabedores del peligro acechante.
Los valientes guerreros intentan lanzar algún fuego de artillería, que resulta fallido. En el remolino de la pelea corren, saltan, golpean como pueden tres soldados desesperados: Axel, Oscar y Germán.
Pero bajo el empuje de Juancho y Carlos, inasequibles al desaliento, todos avanzan por el campo embarrado. Después de sufrir dos tremendos asaltos, recuperan fuerzas y se confortan ante el asalto final.
-Hay que echar el resto, dice David Marco. El primero en demostrarlo es el sargento Juancho que cae víctima del enemigo, cuando al final se alza del suelo, el cuerpo cubierto de barro, la sangre le brota por debajo del casco; a pecho descubierto lucha Carlos sin tregua, Axel y Germán a falta de armas usan los puños y los pies, y Oscar se cuelga del cuello de los infieles del oval.
Pero he aquí que el capitán Flecha suena la última carga. El teniente Marco, “Roi du cadrage débordement”, toma la iniciativa, adelanta filas y se lanza en carrera, fija al interior a la defensa amagando con su cuerpo y emprende la fuga pegado a la banda. Ha conseguido romper las líneas enemigas, en una segunda tentativa empujado por su tropa lo vuelve a conseguir. Y junto al apoyo del valeroso soldado desconocido baten al enemigo asaltado.
Han perdido la batalla, pero han logrado el objetivo pelear hasta el final. El capitán Flecha habla a la tropa:
-Sin duda recordare con emoción, el gran honor de haberme encontrado al frente de un puñado de chicos dignos para siempre de mi respeto.
¡En cada partido de rugby libramos una batalla, pero no es la guerra!
¡Entrena con ganas, y sé fiel a tus amigos!

Los jugadores del RCV LF Tec acudieron en calidad de prisioneros al tercer tiempo en el local del Tatami.
Muchas gracias a la inestimable participación de Daniela, Rubén y Alejandro, jugadores del Tatami RC.

Resultado: Tatami RC 10- RCV LF Tec blanco 3.
Ensayos: David Marco (2), Alejandro (1).