Crónica 29-10-016.

3 Relatos terroríficos 3.

Buenos días desde la máquina de pergeñar crónicas. En esta parte de la banda observo, el rostro impasible, el partido, pero por dentro estoy que me muero. Henchidos los pulmones, un doble nudo en la garganta, las entrañas en ascuas, sufro como un perro, y no puedo hacer nada. Estoy paralizado, la película del partido pasa ante mis ojos como en blanco y negro. Los chicos se ven arrollados por el contrario, impotentes solo alcanzan a encajar con resignación los golpes del adversario. Pepito se hace con el balón, pero le van a cazar sin remedio, intento gritar y solo consigo abrir la boca, las lágrimas anegan mis ojos, me voy a tirar al campo tengo que ayudarle, pero apenas puedo agitar los brazos como pidiendo auxilio, la colisión es inevitable, cierro los ojos, la rosa sangrienta del llanto brota a borbotones desde la boca del estómago a mis labios temblorosos, el camión de la basura pasa por la calle, un rayo de sol entra por la ventana. ¡Joder, son las nueve! Llego tarde a la convocatoria. Pero quién anda ahí…
1. El undécimo jugador. (Tatami RC vs. RCV blanco).
Los rapaces ya calientan con Patri haciendo la tortuga gigante, arriba y abajo por el campo de juego. Son nueve jugadores, número exacto para jugar en la cancha, pero abra que enfrentar el encuentro sin cambios y soportar la fatiga y los golpes hasta el final. La batalla con el Tatami se augura correosa e incluso desigual. Pero en los primeros compases, no parece que vayamos a sufrir un descalabro; Ibu se multiplica en tareas defensivas, pero todos a su manera le apoyan, sobre todo Ricardo, que no teme ni a gigantes ni a los trolls. Y a partir de esta épica defensa se lanzan ataques con mucha destreza, Ibu de nuevo es nuestra punta de lanza.
Pero en eso que llega Octavio, ya somos diez, los ojos le brillan con una luz especial entre alegre y travieso. Pronto es su turno, sale al campo y con el primer balón que toca el juego se ilumina, y el equipo corre como unas castañuelas. Cuando el balón pasa de un jugador a otro este multiplica la entrega y las ganas de jugar, también se le iluminan los ojos de un brillo misterioso.
A las puertas de un ruck mal engarzado Gael se hace con el balón, se lo pasa a Juan que decidido emprende la huida, y antes de que lo cacen se lo pasa a Pau, que rodeado de contrarios intenta avanzar; es bloqueado y al rescate acude Fernando que se hace con el balón y corre brioso adelante. Encuentra presto el apoyo de los hermanos Mascarell, Manu y Vicent, clarividentes jugadores, que para acabar la jugada ceden el balón a Alexis, excelente finalizador en fuerza, aunque lleve peligrosamente un adversario colgado del cuello. Termina el encuentro, y todos hemos disfrutado con gozo de las buenas jugadas.
Cuando los chicos alinean el pasillo al final del encuentro, observamos Patri y yo un jugador con el equipaje de nuestro club que no conocemos, su rostro resplandece de júbilo, cuando nos acercamos su figura se desvanece poco a poco bajo la luz cenital, y un refrescante escalofrío, a pesar de todo, nos reconforta el alma.
2. Las manos lascivas. (RCV naranja vs. San Roque RC).
(Del latín “lascivus”, juguetón).
-¡Chicos dejad de marear con el balón! Y calentad agrupados, en cinco minutos empezamos.
-Ha sido Curro- dice Fran.
-Yo no, la bola la tenía Isma.
-No, yo acabo de llegar de buscar mi bucal.
-Vale ya de tonterías y colocaros en el campo que vamos a ensayar el saque de centro- les ordena el entrenador.
Con su silbato el árbitro insta a los jugadores. Empieza el partido.
Sacamos de centro, Franki le envía un melón a Mateo, que se estaba rascando el culo, pero milagrosamente el balón parece que flota en el aire y no cae al suelo; Mateo prosigue la jugada con Héctor, a este la pelota se le coloca en la cabeza, y haciendo malabares consigue que le llegue a Álvaro, que de espuela recupera la bola saltarina; Álvaro que gusta de los pases saltados larga la bola a Pablo, pero esta por el camino se pasea en el aire sorteando a varios contrarios, antes de que Pablo se haga con ella.
El desconcierto cunde en el campo, Fran entrenador se desgañita pidiendo más rigor en el juego y menos acrobacias. Después de una melé, aunque Nacho estaba mirando las musarañas, el balón le llega a Jorge, que sale en tromba perdiendo el mismo por el camino. Todos se ponen a buscarlo, hasta que descubren que, lo lleva el árbitro debajo del brazo como si fuera el bocata del almuerzo.
A la salida de un maul bien negociado por Curro, Fran lanza a Isma derecho al ensayo, pero justo al alcanzar la línea de marca cae trabado al suelo sin oposición, los pantalones por los tobillos y enseñando la raja del culo. Consigue marcar con la cara colorada y un coro de risas burlonas.
Tras el descanso los dos equipos unen fuerzas para que prosiga el divertimento. En este partido Carlitos quiere dar capote, y aprovechando un buen balón rebotado, lanzado con pericia por Eric, se cuela hacia el ensayo llevando la bola por la base y sujeta con un dedo. Desde la banda Fran le increpa: -¡Eso es poco deportivo!
-¡Papá!, si yo no soy, son las manso esas que están todo el rato jugando con el balón.
Y entonces todos se fijan en que unas manos invisibles se llevan el balón por los aires, atravesando el terreno de juego y traspasando la valla, hasta perderse de vista.
3. El árbitro es el Bu. (Les Abelles negro vs. RCV verde).
En el centro del campo, a punto de empezar el partido, Mateo observa con el ceño fruncido al árbitro, huele a huevos podridos, mira con recelo los ojos inyectados en sangre y la mueca de asco en los labios. Silba pero parece que haya gritado una bruja, aún no han dado el primer pase y ya está pitando falta; se coloca con las piernas abiertas sobre el balón y no deja que nadie se acerque; cuando el jugador abejorro intenta abrir el balón disimuladamente le sujeta por el brazo y yerra el pase, de nuevo se cobra penal. Vaya formas, que malaje.
Carlitos que ha conseguido un buen balón se escapa por la banda, pero el árbitro de un certero y malicioso golpe de cadera lo tira a touche. Carlitos encendido le desafía, pero no puede mantenerle la mirada, el árbitro echa fuego por los ojos, y el dedo de uña larga le señala el camino de la banda. Desconsolado Carlitos llora.
Después de una buena jugada de Isma apoyado por Jorge y Curro, Álvaro corre al ensayo, pero a pocos metros es trabado por el pie del árbitro y rueda por el suelo sin alcanzar la línea. Pablo, Eric y Nacho saltan en rebeldía; Franki, Fran y Héctor se han enganchado con los abejorros en una bonita pelea.
Al final todo deriva en una furibunda riña, donde le árbitro disfruta de lo lindo arreando pescozones a voluntad. De repente el cielo se cubre de oscuras nubes, caen rayos y centellas, retumban los truenos, parece que se vayan a abrir las puertas del infierno, pero con la llamada al tercer tiempo los ánimos se calman y vuelve la cordura, antes de que el árbitro salga volando estampa, en el acta del partido, su firma: Pero Botero.
¡Entrena con ganas, y sé fiel a tus amigos!
Muchas gracias. Entrenadores S-10.