Crónica 27 y 28-05-2017. Pozuelo de Alarcón.

Tour de force.

Buenos días desde la máquina de pergeñar crónicas. Antes de partir a Pozuelo ya nos avisaron Don Melé y Mr. Drop: salid pronto, que no cenaréis; y eso que ellos dicen que entrenar con los chicos es fantástico, aunque a veces me toquen los co… Bueno cuando nos pusimos en marcha debía ser casi otoño, a la vez que los satélites se ponen a orbitar. Llega la revolución de los planetas y las estrellas; y Jaime es un pequeño satélite que admira a su primo Curro, pero se siente perdido en el impenetrable universo oval; mientras fulgurantes estrellas y misteriosas lunas empiezan su baile cósmico.
Dice Mr. Drop que el rugby es deporte conocido desde la noche de los tiempos, ya frente a las murallas de Valencia, moros y cristianos dirimían sus diferencias peleando por el balón ovalado. En esta temporada cada jornada es la historia de tres partidos vibrantes, emocionantes, sensacionales. Como nos gusta correr tras la pelota.
A veces la Luna se tiñe de sangre, se oyen gritos espeluznantes, sombras tenebrosas se deslizan a lo largo de la touche, de la melé surge queda una niebla que sobrecoge. ¿Quién anda ahí con la pelota? Para resolver casos tan misteriosos, entra en acción el inspector Jem Mackie, todos piensan que busca a Edu y Juan Antonio, perdidos en el limbo del oval, pero anda tras tres árbitros desaparecidos.
De camino pasamos por Madrid, fugaz encuentro con los escolares de Arquitectura, y la marea verde invade la Central para ver el España vs. Tonga. A la semana siguiente montan la carpa del circo en la Pelosa, y los artistas del oval brincan, corren y luchan a redoble de tambor; mientras otros compañeros de juego protagonizan un baile de espías en una misión imposible. A todos les encanta jugar.
Un día se pone a llover, Don Melé abre su paraguas. La pelota se mueve como las ondas de un río. Y los jugadores se deslizan encantados por el espejo del manantial, otros rebotan en las aguas turbulentas del torrente. ¡Agua! Si se apagan las luces me arrebujo en la butaca, echan una de rugby en el cine. Empieza el espectáculo. Silencio.
Salimos con el barco y llegamos a la Vila, tomamos al abordaje el partido. ¡Qué bien lo pasamos con los piratillas vileros! Llega la Navidad, pero tened cuidado con lo que deseáis, Papá Noel no es lo que parece. Cambiamos de fecha y sigue corriendo la pelota, hay gran revuelo en el zoo, las pequeñas bestias también quieren jugar al rugby, Octavio es su jefe rebelde.
Compro una revista en el quiosco, en portada y en las páginas centrales de ¡Hola! Sports relatan la glamurosa jornada de rugby en 4C, junto a Pepito, el príncipe de Syldavia y la bella María. A la semana siguiente mientras unos se pelean sobre el barro en Sitges como fieras, capitán Fran en Valencia lidera un equipo de valientes. La fiesta no cesa, en un paisaje hilvanado sobre el verde prado y el temblor de los álamos se alumbra un rugby de farándula. Prosigue el viaje parece que nunca llegaremos a Pozuelo.
Un nuevo caso del inspector Jem Mackie le lleva a investigar un brutal intento de sabotaje, en la visita de nuestros amigos de la Unió Esportiva Santboiana. Si los chicos juegan cada vez mejor es porque prestan oídos a Patri, la chica que cautiva con su sonrisa. La fiesta del Rugby Gras la vivimos en Alzira, y fue grande divertimento.
A veces jugar con fuego puede resultar peligroso, pero quién se puede resistir a una hoguera de jugadas que destellan. Carlitos antes de los partidos siempre mira volar al dragón rojo y eso le enciende más todavía; su amigo Pablo prefiere jugar al ritmo de la trompeta de Miles.
Un día llegamos a Tarragona, no hay mus, voy de mano, te envido cinco… y no pasamos ni a la chica. Sobre los escaques Marc y Lluc son dos vectores incandescentes. Con el primer verano pasamos por Alcobendas, un estupendo viaje, un festival primaveral de rugby.
En el torneo Pantera Juanjo fue testigo de un pase a quemarropa. Otro caso para el inspector Jem Mackie. Y tras la puerta hay partidos imaginarios que se juegan a lo loco; partidos que son como los cuentos, nunca sabes lo que va a pasar.
Pero ¿dónde coño están los del Imperio Austro-Húngaro? ¡Ya se ven las murallas de Pozuelo!

Todo me parece como un sueño todavía. La canícula se adelantó en la Casa de campo, pero no fue impedimento para que Leo no dejara de sonreír, era feliz sus bonitos ojos le delataban. El resto del viaje fue un regalo para la canalla.
El sábado después del picnic de desayuno en la Casa de campo, la policía local de Pozuelo de Alarcón nos escolta a las instalaciones del CRC. Aquello parece la travesía del desierto tan fuerte aprieta el calor. Instalamos nuestro punto de encuentro con las carpas junto al campo de césped natural, todos a las órdenes de la magnífica intendente Aida. Y cada uno se va hacia su zona de juego. A los S-10 nos toca un campo de futbol con gradas. En el calentamiento Paul ya sueña con escapadas por la banda, unos campos menguantes le impedirán volar más allá de los conos huérfanos. El viento tropical balancea las palmeras, las dunas caminan en silencio, el sol en la cara por la mañana, desde el amanecer, y después sobre la cabeza y en la espalda a medida que transcurre el día.
El aire es espeso, caliente. Fran y Franki, con la arena hasta los tobillos, pelean con los de Arquitectura, su juego está hecho a base de corazonadas. En el campo los cercos de los rucks desmoronados relucen con una blancura casi luminosa. Carlos Borso di Carminati y Curro ladran en el corazón del partido, en la llanura desolada. Contra el Salvador, Álvaro y Nacho quieren destripar el saco de las jugadas, pero caminan a oscuras, alzando mucho los pies, dando algún tumbo en los desniveles, con seguridad y rapidez cómicas. Los partidos están preñados de amenazas, el silencio y la oscuridad de fuera, despierta luces y voces dentro de nosotros; Iván ruge con sordina, Lucas repica lucecitas en la hojarasca, mientras el siroco levanta nubes de arena caliente.
Tras las dunas Alexis y Jorge callan, mirando el cielo azul limpio y hondo, sin un pájaro. Con los ojos llenos de ese suave azul fresco y tonificador. Gael sabe que el agua no hay que ir a buscarla, pero la traerán en convoy cada ocho días. Cerca del desierto de piedras se deslizan sigilosos Luis y Rodrigo, con un rumor seco y enérgico; otros como Pau y Rubén corretean con un largo y diverso rozar de ropas y arrastrar de pies.
Los de Ciencias de Sevilla han sentido por esas llanuras el aliento helado de la muerte, que se desencadenará con silbidos y mugidos de simún en cuanto pisen el campo. A Agus le pesa el aire denso sobre el corazón; David piensa que la llanura seca, escuálida pertenece a un planeta que no es el nuestro.
Llega la tarde, parece una noche cegadora. El calor, el cansancio llegan a anestesiar. Las llanuras amarillas, onduladas a trechos como un mar tormentoso, van a curvarse unánimemente sobre tu pecho, y los chicos ponen en ellas un trazo rojo de sangre. Jugamos en un barranco, ya negro en el fondo y verde claro en las laderas. Fuera, la tarde adquiere un silencio dulce y profundo. El aire es más denso y pesa sobre el corazón. A Eric y Diego la sed les produce un amodorramiento lleno de visiones; Raúl y Fernando tienen las bocas entreabiertas, los labios resquebrajados como cortezas de árbol. Ya pasaron sin pena ni gloria, algunos incluso murieron en el intento: Marbella, CAU de Madrid, ingenieros Industriales o URO de Alcorcón.
La noche se presenta incierta. Antes en la Casa de campo, un cuadro de Sorolla con los rapaces jugueteando bajo los chorros del agua.
Al día siguiente domingo unas nubes perturban los cielos, pero el calor no da tregua. Unos curiosean, dejando vagar los ojos por la posición. Otros miran, obsesionados en apariencia, un punto invisible del aire. Pero no ven, no piensan, bajo la tensión de los primeros partidos. El color dorado de las lomas lejanas blanquea. Los pequeños equipos marchan sin contratiempo con un paso vivo, impaciente.
Dos días y dos noches andando, sin otro alimento que el trago de cerveza que me dio un aguador me ha hecho perder ya por completo la conciencia del peligro. A pesar de ello la canalla resiste, avanza sin hurtar el cuerpo en el enfrentamiento desesperado, directo, áspero. Durante los partidos la alarma es rápida y creciente. Pero hoy el juego impetuoso es irresistible, los enemigos caen abatidos como por fuego graneado.
Los de Burgos abandonan el parapeto y en medio de la llanura, son acribillados por Mateo y Carlos Montañana; Marco herido en la mano señala al Granada que intenta huir a la desesperada, el equipo cae encima en espeluznos, en el recuento solo hay víctimas en el bando contrario.
María observa un poco angustiada las evoluciones de sus amigos; ovillos de aliagas secas son arrastrados por el viento, se oye rumor de ráfagas muy cerradas, eco de cañones. Los jugadores sienten, sin embargo, un alivio instantáneo, están seguros de su juego. Ibu es un valladar infranqueable, donde se apelotonan los del Barça y Pozuelo; Los jugadores que huyen desorientados, despavoridos son cazados a manotazos y golpes certeros por Isma y Sergio.
La llanura sigue teniendo aspecto de estar desierta, Víctor asalta las trincheras de cabeza, la fiebre le ha trastornado el entendimiento. Alex y Héctor se enfrentan seguros con la llanura, cuyos reflejos les llegan a la médula con oleadas metálicas; una polvareda no muy lejana denuncia la presencia de un equipo en marcha, a Ricardo le laten las sienes y le arden los labios, ha llegado su hora, no vacila. Manuel y Vicent, sin embargo, se lo juegan todo en estos instantes, y la fiebre les hace dar dos saltos y luego otro, y después ya no pueden dejar de correr.
El sol de media mañana es tan claro, tan luminoso, con esas sombras negras junto a cada palmito, a cada arbusto polvoriento. La tragedia, siempre sin sentido, bajo un sol indiferente toma tintes prosaicos. Dan ganas de reírse. Nos quedamos con eso, las risas de los chicos sus ganas de jugar y de vivir, aunque tuvieran que jugar en el desierto.
¡Sigue entrenando con ganas, y sé fiel a tus amigos!

Para Patri, María, Alberto, Marcos, Yves, Fran y Albert está temporada ha sido un regalo. Muchas gracias a todos