Crónica 21-05-016.

Cómo se hace una crónica de rugby (Historia de un amor).
“Je vous souhaite d’être follement aimée”. (André Breton)
Buenos días desde la máquina de pergeñar crónicas. Para escribir una crónica no es preciso apuntar que lo mejor es tener una máquina de pergeñar. Si no es el caso, hay que enfrentarse al blanco lienzo de la página con el estómago lleno, la cabeza colmada de pajaritos y bellas imágenes del balón ovalado. Y bajo ningún concepto acudan al uso de estimulantes, hagan como Picasso que la inspiración les pille siempre trabajando, y en plena forma.
Y si las palabras se resistieran, pues ponga en el tocadiscos Pequeña serenata nocturna de W. A. Mozart por ejemplo, siempre ayuda. Yo hoy he comenzado con Fanfare for the Common man de Aaron Copland.
Pero normalmente me basta rememorar las dulces carreras de los muchachos en la pradera, pues cuando la pelota sale de sus manos no hay vuelta atrás, el universo oval queda en suspenso, y el mundo gira en torno a ese balón de caprichoso rebote. Cada jugador se expresa como puede, algunos parecen jugadores adultos en cuerpos de niños; otros iluminan deslumbran la escena del partido con sus espontáneos movimientos; su entrega en el enfrentamiento físico encoge el corazón y emociona a la par. En ocasiones rozan la perfección: continuidad, comunicación, apoyo, arrojo y determinación en la carrera final, y me siento como ellos un corazón capaz de amar la Tierra entera.
Cada jugador es hábil en romper el espacio con estilo propio para buscar la libertad. Algunos desafían al contrario con inocente voluntad, a otros les basta su elegante intuición, y los menos calculan con precisión matemática el momento adecuado para atravesar la línea de ventaja como si tal cosa, acelerando con gracia en la pantalla vibrante del partido.
Si todo ello no es suficiente siempre pueden recurrir a Miles Davis, a Gabriel Fauré, a J.S.Bach, y nunca falla Duke Ellington. A mí me basta ver jugadores como Álvaro, Lucas, Asier o Rodrigo que no temen ir al abismo en desenfreno, como si fuera esta noche la última vez; avistar a Iván Bou, Pablo, David y Carlos que se desvelan locamente por el balón viviendo dulces inquietudes y amargos desencantos; reparar en Fran, Franky, Mateo y Jorge de los cuales a veces me puede llegar un eco divino que tiene todo el calor de un beso.
Que puedo contar si algunos sudan lágrimas de sangre como Luca, Marco Disanto, Siro o Leo cuando mi playa se viste de amargura; otros agarran el balón con frenesí: Óscar, Marco Ben Brahim, Germán, Axel, Mael y se adivina que están enamorados. He presenciado como Emi y Ximo han aprendido a querer y a vivir; y he descubierto que Iván Juan y Rafeta, tan lejos parecían estar de mí, que sin su amor no soy nadie. Si todo esto no es suficiente siempre nos queda Nacho, que cuando ataca alegre siempre hay campanas de fiesta que cantan en mi corazón.
Recuerdos en el papel que inolvidablemente vivirán en mí.
¡Entrena con ganas, y sé fiel a tus amigos!