Una temporada en fuera de juego XXIV

Al inspector Jem Mackie le sonaron las tripas como bisagras mal engrasadas de una puerta entreabierta. El caso Gilbert parecía atascado, de nuevo con el texto de John Silence delante pareció descifrar un nombre conocido: Baltasar Bonet Coll, así que decidió llamar a Tono Miranda.
– Tono, soy Jaime. Te invito a comer, a las dos te espero en “los Madriles”, y no acepto ninguna excusa. Hasta luego.
Entraron sin llamar en el despacho Anselmo López y José Luis Pérez.
– Jefe, el comisario Gómez nos ha pedido que mañana le acompañemos a Castellón, por un asunto de joyas robadas, así que no cuente con nosotros-explicó Anselmo.
– Vale ya le diré a Jesús que se podría buscar a otros para atrapar a rateros de tres al cuarto.
– Es que somos los mejores, ¿verdad Anselmo?
– Hasta el lunes jefe.
– ¿Hasta el lunes?
– Claro hoy es viernes-aclaró José Luis.
– Vale pues hasta el lunes señoritos.

Ahora la principal preocupación del inspector Mackie seguía siendo saciar el hambre. Decidió ir andando al restaurante. Al cruzar la calle, antes de acceder al recinto de la estación de ferrocarril, sorprendió a un gato rebuscando en la basura de una bolsa destripada, al gato se le erizaron los pelos, arqueo el lomo y enseño sus menudos dientes blancos, antes de huir saltando el vallado de la estación. Mackie sonrió casi imperceptiblemente, no le agradaban los gatos y fastidiarles le gustaba. Se dirigió hacia la puerta principal, en el vestíbulo la gente hormigueaba, salió por la puerta lateral y siguió su camino por delante de la plaza de toros. Antes de llegar a su destino se acercó a Glasol a ver si veía a su amigo Antonio Román, y allí estaba el bueno del “Profe” con su cabello plateado y su sonrisa de oro. Se dieron un abrazo, Antonio quiso invitarle, pero Mackie desistió y siguió su ruta.
Cuando llegó al restaurante entro como furtivo y se sentó sin esperar a que le atendieran, en la primera mesa que vio libre. Al poco Tomás acudió.
– Hola inspector, le apetece “un apero”.
– Aquí soy Jaime, por favor. Sí, tráeme un vermú, ya sabes rojo, con naranja y aceituna verde rellena.
– Muy bien, ¿comes solo o esperas a alguien?
– Sí, viene Tono ahora.
Pronunciando su nombre, Tono que aparece por la puerta, cosa poco habitual, todo un logro para un amante de la puntualidad como el inspector Mackie.
– Qué bien Tono puntual, así me gusta.
– ¿Quieres algo de aperitivo, Tono?-le pregunta Tomás.
– Sí una cerveza de esas artesanas, gracias “Pucherito”. Bueno dime Jaime ¿por qué me has citado?, no será por algún asunto…
– En fin, esto es un poco delicado pero… ¿te acuerdas de la vieja esa que mataron en Ruzafa?
– No, no sé a qué te refieres.
– Bueno pues no te preocupes que tú no has sido. Escucha Tono tengo un caso entre manos que sí me tiene preocupado, y no consigo encontrar la solución. Un colaborador me ha puesto sobre una nueva pista, y uno de los nombres que aparecen es el de tu abuelo Balta. Don Baltasar Bonet Coll y asuntos relacionados con comunistas, anteriores a la Guerra Civil, quizá una venganza…Bueno por supuesto todo esto es confidencial y no puedes comentar nada. Al principio se dieron una serie de asesinatos muy complejos que relacionaban las víctimas con el mundo del rugby, sin descartar del todo esa pista, nuevos acontecimientos nos hacen sospechar de algo relacionado con la época de la Segunda República y los comunistas.
– Qué me cuentas Jaime, mi abuelo con comunistas, no me pega nada.
– Veras su nombre aparece junto a otros todavía por descifrar, en un documento que me ha llegado de una forma un tanto extraña, pero bueno…
– Ahora mismo se me ocurre alguien que seguramente te puede ayudar, un amigo de la familia, Recaredo Agulló, profesor de francés jubilado y estudioso de la historia del deporte valenciano, de esa época que me dices sabe un montón. Hace poco tuve una reunión con él y su hijo Víctor sobre el tema de nuestros orígenes como club de rugby en Valencia, además su nieto es jugador chiquitín de nuestro club.
– Muy bien apúntame su teléfono y hablaré con él; Recaredo Agulló me suena de algo, pero no sé…
– Él ha estado vinculado con el mundo del atletismo, es fundador de Correcaminos y cronista deportivo.
– Vale…, hombre Tomás ¿qué tenéis hoy para comer?
– Hoy os recomiendo unos pimientos rellenos de sardina de bota con sus migas y huevo frito.
– Me apunto, que bien suena.
– También hay paella con vino tinto y codornices, estupenda.
– Joder, eso también tiene buena pinta. Mira si a Tono le parece bien, tráenos unas croquetas de sobras del cocido, ventresca de bonito en escabeche, montadito de jamón con higos y tomate, y media ración de los pimientos y la paella. Ah, y una botella de ese tinto de bobal tan rico, que tú ya sabes. Te parece Tono.
– Perfecto, inspector Gourmet.
– Amigo Tono, desconfía de los detectives que no aprecian el buen yantar. Yo solo admiro al inspector Maigret, al comisario Montalbano, a Kostas Jaritos y por supuesto a Pepe Carvalho.
– Todo esto te va a costar algo más que dinero, te preparamos este menú degustación y a cambio tendrás que solucionarme eventuales problemas con la justicia…
– De acuerdo, aunque luego ten en cuenta que tendré que matarte.
– ¿Y eso?- pregunta Tomás.
– Para que no me delates.
Tras un breve silencio, ríen todos alegremente.
Durante la comida el inspector Mackie apenas levanta los ojos del plato y solo asiente con sonidos indescifrables al parlamento de Tono. Llega la hora del postre, un pastel de chocolate con Cointreau pide Jem Mackie, y Tono un helado de mango, sorbete de lima y yogur.
-¿Tomaréis café?
-Uno solo y una copita de aguardiente de Albariño.
-¿Y tú Tono?
-Una infusión de esas tan ricas que preparáis, y tomaré también un chisme de esos como Jaime.
Tono y el inspector Mackie brindaron, bebieron y apuraron sus copas hasta verte Jesús mío.

Eran las cinco de la mañana y Jem Mackie miró a través del cristal la noche oscura y serena, y se volvió a la cama, y soñaba, y pensaba, y soñaba, como muchas otras veces, que estaba en el cine y empezaba la película; pero como en el cine todo es mentira e ilusión, es posible que ya estuviera muerto hace tiempo, y solo recreaba en su conciencia la vida de otros que antaño creía recordar como suya. Al despertar decidió acudir a 4C, era sábado y se presagiaba un día caluroso de primavera.

A 4 C había llegado de buena mañana la escuela del Tarragona club de rugby, els Voltors, y también los incorregibles moncánicos de la UER. Así que entre todos se conformó un encuentro cuadrangular a mayor gloria de los gaznápiros del RCV. Para Tom y Jim amar la pelota parecía esta mañana misión imposible, habían decidido jugar como al borde de la piscina un día de verano cuando las chicharras cantan y el aire huele a resina ambarina.

El cielo pesado descansaba sobre la ciudad. Hacía calor, pero todo estaba en calma, no soplaba ni siquiera una ligera brisa, y el juego daba la etérea impresión de imagen fija, de postal de vacaciones, como si los jugadores estuvieran dentro de la bola. Vagamente parecía que vivieran soñando el mejor ensayo del mundo, cuando le dimos la vuelta a la bola de nieve, y mientras los copos invadían la esfera, los jugadores quedaron prisioneros en el fondo esperando la pelota. Y aunque la tristeza no vive en ellos, añoraban los días de invierno en el valle al pie de la montaña que un río cantarín surcaba.

Por fin la pelota voló y los chicos rompieron el espacio en mil direcciones, y de la cocina de todas las jugadas llegaba rumor de pucheros y ollas a fuego lento.
Continuará (…)

Albert