Crónica censurada y reconstituida.

Un equipo en busca de autor.

Buenos días desde la máquina de pergeñar crónicas. Alderedor del campo de juego da vueltas al trote el equipo, unidos en grupo como corresponde. La mañana es soleada, y aunque es pronto todavía en la solana ya pica el astro sol.
Mientras tanto en la jaula de los leones la banda de Lucas Tanner hace de las suyas.
Albert: Hoy vamos a jugar al football-rugby, genuino juego de pelota ovalada.
Germán: ¿Y eso qué lo que é?
Albert: Se vale todo menos morder, ficar la cameta y hacer corbatas.
Lucas: ¿Podemos chutar?
Albert: Sí, y también meter gol.
Emi: Me pido de portero.
Axel: Haré un cañito.
Carlos: ¿Entonces no hay fuera de juego?
Bruno: Ni avant. Pero de momento no se puede correr con la bola.
Óscar: Bueno pero si yo cojo la pelota puedo correr ¿No?
Bruno: No. Puedes pasarla. Recordad que la pelota corre más aprisa que vosotros.
Remolino: ¡Voy a marcar un gol de cabeza!
Marquitos, Liam y Marco no hablan, aunque juegan muy bien, son mudos por convicción, han hecho voto de silencio, y a veces se agradece.
Empieza el juego. A la primera de cambio Bruno, que no se puede sustraer al encanto del balón oval recibe una toña mortal de necesidad en toda la jeta. No escarmienta, ya sabe que quien con niños se acuesta, amanece mojado.
Al principio hay dudas con el reglamento abreviado, las normas hacen mella y es difícil librarse de su cumplimiento. Pero pronto la lucha sin cuartel por la pelota supera los temores iníciales, y se prepara un buen desmadre, se arma la de dios es Cristo.
Marquitos intenta escapar, él solo tiene ojos para su hermano Lucas, pero llega Bruno y lo arrolla sin contemplaciones. El atropello no tiene luctuosas consecuencias, menos mal. Sigue la pelotera. Hay duelo de titanes, Carlos y Emi porfían por el balón, o eso creen, porque mientras tanto Remolino lo roba y escapa en dribling; se lo pasa a Germán, este continúa para su amigo Axel que amaga el chut, pero Lucas se tira al suelo y se hace con el balón; se lo lanza a Marco, Marco a Carlos que chuta… a las nubes.
Hay que sacar de banda, a la touche acuden todos, lanza Lucas al medio, se hace con el balón Liam, que intenta fugarse en falta, chuta para adelante, atrapa Emi al vuelo, y descarga con el pie; la coge Óscar que pasa a Axel, este en el mismo movimiento se la pasa con el pie a Germán que chuta y ¡Gol!
Tras el descanso para refrescarse, se introduce el fuera de juego, por consiguiente hay avant, y se puede marcar ensayo con intento de trasformar penalti.
Ahora esto ya es rugby dicen los niños. Y entonces hay que poner orden, los jugadores dominantes por su velocidad o potencia se imponen sin remedio, mientras los jugadores satélites en una esquina esperan impertérritos su oportunidad sin importarles el tiempo que pase: minutos, horas, días, semanas , años…
Al final los Papás y algún hermano mayor, no se pueden resistir a la llamada del balón ovalado, superior en atractivo divertimento a su hermano bastardo el balón esférico. Héctor, Germán, Nacho, Adel e Isaac se unen alegremente al lío.
Y para terminar admiramos unas bellas imágenes de estrellas del rugby que nos comenta Albert: Blanco el genio zaguero; Casque d’or ensangrentado; Jérôme Gallion à la mêlée; Eric Champ à la touche; Phillipe Dintrans; Gareth Edwards; Barry John; Mr. Drop; Andy Irvine; J.P.R. Williams; David Duckham y tantos otros que nos hicieron soñar con jugadas maravillosas.
Los nuestros quieren ganar, ser los mejores, oír voces de aprobación, sin embargo y aunque lo desconocen solo desean ser felices, y que mejor que cruzando el campo de juego con el balón, o peleando por él en franca disputa, hasta rodar por el suelo ahítos de golpes y risas.
Casi todos los entrenadores se afanan por enseñar, adiestrar incluso, a jugar como los adultos, por su propio egoísmo, cuando la escuela de rugby no está hecha para enseñar a jugar a los chicos, si no para permitir, que un día, sean capaces de jugar al rugby.
¡Entrena con ganas, y sé fiel a tus amigos!